miércoles

Cómo identificar a un flor de pajero...

Espero que mientras estén leyendo estas cándidas líneas no comiencen a sentir una suerte de identificación con los personajes que describo. En otras palabras, espero que no sean un flor de pajero.



Seguramente se hayan encontrado alguna vez con estos flacos de tan diversa procedencia que, en los últimos años, han aumentado en cantidad de modo considerablemente jodido. Quizá todo sea una consecuencia más de la creciente contaminación ambiental (de la cual no podemos esperar que salgan los X-men, sino pelotudos y poco más); o bien, que se trate de una señal más del decadente devenir de una sociedad de ineptos. En fin… Quieran o no, se van a encontrar con esta clase de pajeros… Y es mejor que estén prevenidos.



Para empezar, diré que suelen venir en pareja. Esto es, de a dos. En general, puede identificarse lo que denomino como el “pajero-alfa” y el “pajero-beta”. El primero actúa como una especie de “activo”, de macho dominante que dirige las pelotudeces del dúo. El segundo, aunque no siempre con piernas sensuales, hace de “asistente de capo cómico”; dando los pies fundamentales para que el imbécil que “lidera” remate. También actúa, como es de esperar, a modo de “coro de risas y risotadas”, festejando continuamente las gracias de su simpático e irreverente compañero.



Los términos de esta paupérrima ecuación de séptimo año parecen deleitarse criticando a las féminas que los rodean. Cuando las mismas están por debajo de su edad, lanzan comentarios del tipo “qué colita que tiene” o “dejamela una noche sola”. En caso de que exceden su nivel etario, se limitan a frases como “¿tiene un culo o un flan?” o “fea la viejita”. Aclaro que cuando me refiero a su “edad”, no hablo de lo que se entiende por “edad mental”. Simplemente me remito a su “edad cronológica”, variable sobreestimada si las hay.



Otro rasgo característico de esta muestra consiste en su compulsión a escupir. Hay que destacar, castígueme dios si no lo hiciera, su extraordinaria habilidad para escupir. Estos muchachos lanzan unos suculentos y blanquecinos gargajos con una distancia temporal entre los mismos considerablemente corta. De más está decir que la capacidad de sus glándulas para producir semejantes cantidades de saliva sigue siendo un misterio para la ciencia moderna.



Por otro lado, he observado que, mayoritariamente, estos engendros mal cagados han adquirido el pernicioso acto de fumar. De vez en vez, se dedican a agarrar el cigarrillo como si fuera un porro y cerrar los ojos mientras fruncen el seño a manera de un “uh, cómo pega”. A veces, su decrépito acto se completa con comentarios al estilo “me está matando” o “te vas a morir”. Por supuesto que estos pibes no han probado la tan mentada “tuca”. Se trata solamente de un acto mímico para acercarse a un estatus al que difícilmente llegarán algún día.



Desde el punto de vista estético, puedo decir que no es fácil identificarlos por su indumentaria. En general, se visten al estilo del “facherito”, el cual es copiado por otra multitud de géneros boludezcos. Su cabello suele ir corto y estar prolijamente despeinado. También pueden llevar flequillos bajos y abultados, dependiendo de cuántas espinillas quieran ocultar o qué moda deseen seguir. Usan jeans (mayoritariamente) o alguno de esos pantaloncitos finamente cuadriculados que se asemejan sospechosamente a un pijama. Los accesorios no abundan, aunque pueden lucir algún horroroso collarcito o pulseras de tela (tipo artesanía barata).



Si atienden a sus “palabras”, verán lo trabajoso que resulta identificar en qué idioma están hablando. No, no son políglotas; sino que NO modulan. He llegado a pensar que todos tienen alguna clase de malformación congénita que afecta la correcta osificación de sus mandíbulas, lo cual les hace difícil abrir la boca y pronunciar audiblemente las palabras. Sin embargo, llegué hace bastante tiempo a la conclusión de que no son capaces de hablar bien porque son unos pelotudos. Se puede tener errores de dicción, un vocabulario acotado, una voz de pito… Pero de ahí a que la totalidad de los preciosímos fonemas que componen nuestra lengua sean asimilados a unos cuantos sonidos guturales, hay una enorme distancia.



Sin duda, la faceta que más me jode (y de donde sale la denominación que engloba a estos flaquitos) es la forma en la que hablan del sexo. Pretenden aparentar una vasta experiencia en términos sexuales, cuando en realidad lo más probable es que no hayan visto una cajeta en su vida. Hablan entre ellos de lo que le harían a tal o cual muchachita, cuando en verdad sólo alcanzaron a chupar los senos de sus madres en época de lactancia. Desde ya, su imaginación es desbordante. Sin lugar a dubitaciones, la pornografía hace de insumo principal (sin contar las faldas cortas, los catálogos y las vidrieras de las lencerías) para elucubrar sus simples y precoces escenas sexuales. Me lamento por las chicas que sufran el “debut” de estos flacos, con su rebalse torpe y su falta de pericia en los quehaceres denominados “juego previo”. No se trata de la carencia de experiencia. Por una cuestión histórica, esto se da y punto (aunque se hace más o menos evidente según el talento natural de los sujetos en cuestión). El problema acá es que tratan por todos sus medios (sus escasos medios) de simular lo contrario. Y, permítanme decirles, sólo consiguen hacerlo más evidente; lo cual termina por convertirse en una regia patada en los huevos.



Hasta aquí la breve, pero intensa, caracterización de un FLOR de PAJERO promedio. Si se encuentran a alguien así, por su bien, manténganse alejados y no intenten disminuir su miseria. Toda ambición de redención culminará en un rotundo fracaso.

5 comentarios:

  1. jajajaja eres un completo ignorante y estupido jajaja que risa parecen conclusiones de un niño de prekinder

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  2. tu debes ser mas pajero y mierda que nadie en este mundo jajajaj puro bla bla bla

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  3. Jaajajajaj me cague de risa , fue interesante

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  4. jajaja pero que pendejo, eres matate pinche maricón tu eres más pajero

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  5. JAJAJAJ te amé
    Tenes toda la razón

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A ver...